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Todo lo que debes saber del hígado graso no alcohólico

¿Cómo se desarrolla la EHGNA?

El hígado graso no alcohólico comprende numerosas lesiones hepáticas, comenzando con la esteatosis simple, que supone el 80-90% de los casos. Hay que destacar que el hígado graso no alcohólico se desarrolla de una manera progresiva y lenta, siendo la esteatosis simple reversible, y pudiendo dejar de progresar. Sin embargo, en el 10-20% de los pacientes avanza hasta la siguiente etapa llamada esteatohepatitis o inflamación del hígado. De la misma manera, la esteatohepatitis puede no seguir progresando o, por el contrario, puede evolucionar mediante la aparición de fibrosis a su etapa final, llamada cirrosis, con riesgo de desarrollar carcinoma de hígado en el peor de los casos (Hashimoto et al., 2013).

Lo que ocurre en la esteatosis simple, es que la excesiva acumulación de lípidos en el hígado lo hace vulnerable a otras agresiones como el estrés oxidativo, provocado por un desequilibrio entre los radicales libres y la disponibilidad de antioxidantes, además de promover la liberación de moléculas que producen inflamación provocando esteatohepatitis. En la esteatohepatitis, aparece inflamación y daño en las células de manera crónica que puede cursar con fibrosis (formación excesiva de un tejido llamado tejido conectivo para intentar reparar la víscera). Según estudios científicos, un 41% de los pacientes que sufren la EHGNA desarrollan fibrosis (Ekstedt et al., 2006). Por otra parte, el riesgo de padecer hepatocarcinoma en los pacientes con EHGNA que no sufren cirrosis es mínimo (de 0-3% en 20 años), mientras que en pacientes con cirrosis el riesgo asciende a 12,8% en 3 años (White et al., 2012).

Al analizar la morfología del hígado de pacientes que sufren EHGNA tras una biopsia, se observa una acumulación de grasa en las células del hígado (hepatocitos) en forma de triglicéridos. Se ha aceptado que el criterio mínimo para diagnosticar la EHGNA mediante el estudio con microscopía de este órgano, es que el hígado contenga una cantidad mayor al 5% de hepatocitos esteatóticos (Neuschwander-Tetri y Caldwell, 2003), es decir que más de un 5% de las células del hígado contengan una gran cantidad de grasa en su interior. Así, mediante estas técnicas de imagen, se puede clasificar la EHGNA en diferentes tipos, desde una esteatosis simple, hasta esteatohepatitis con o sin fibrosis.

Centrándonos más en lo que le ocurre al hepatocito, podemos decir que normalmente, la esteatosis en el hígado graso no alcohólico, es de tipo macrovesicular. Esto es, que el hepatocito contiene una única gota grande de grasa, o varias gotas de grasa algo más pequeñas, lo que provoca el desplazamiento del núcleo de la célula a la periferia (extremos) del hepatocito. Sin embargo, en la esteatosis de tipo microvesicular, el núcleo se mantiene en el centro del hepatocito con diminutas gotículas de grasa presentes en la célula (Brunt y Tiniakos, 2010). Este último tipo, no suele ser la forma más típica de esteatosis, encontrándose sobre todo en los hepatocitos más pequeños o en los que no se encuentran en las zonas donde la esteatosis es más prominente. Cuando se da esta situación, el paciente suele tener peor pronóstico. En alguna ocasión, también puede ocurrir que se produzca una esteatosis mixta, donde se encuentran hepatocitos con una esteatosis macrovesicular, a la vez que encontramos grupos de hepatocitos con esteatosis microvesicular.

Referencia Bibliográficas:

Autor: Grupo de Nutrición y Obesidad. Departamento de Farmacia y Ciencias de los Alimentos. Facultad de Farmacia. Universidad del País Vasco. Julio 2019. – https://culturacientifica.com/2019/07/14/la-enfermedad-del-higado-graso-no-alcoholico-una-gran-desconocida/

Enfermedades alérgicas en la era del COVID-19

Resumen

La infección aguda por el CoV-SARS-2 (del COVID-19) y el inicio de la rinitis alérgica estacional comparten algunas manifestaciones clínicas que se pueden confundir, en especial en quienes presentan los síntomas por primera vez. La tos y la fiebre son los síntomas más notables del COVID-19, mientras que la conjuntivitis y el picor lo son de la rinitis alérgica. La anosmia repentina y completa puede ser un signo inicial de la infección por CoV-SARS-2, por lo que diferenciará COVID-19 de la rinitis alérgica. Los equipos de expertos de EUFOREA elaboran un resumen de recomendaciones para las personas con rinitis alérgica estacional.

Puesto que el 44 % de la transmisión del COVID-19 se produce a partir de personas asintomáticas, es importante vigilar lo mejor posible la rinitis alérgica estacional para disminuir síntomas, tales como los estornudos, la rinorrea o la tos, que pueden ser los causantes de la propagación del virus mediante la formación de aerosoles por aquellos que no se dan cuenta de que también padecen COVID-19.

Los expertos recomiendan iniciar rápido el tratamiento de la rinitis alérgica estacional y aplicarlo con regularidad durante la temporada polínica. No existe ninguna contraindicación para el uso de corticosteroides intranasales, ya que no disminuyen la inmunidad y normalizan la estructura y función de la mucosa nasal. Los inhaladores para el asma deben seguir utilizándose como hasta entonces y administrarse de manera regular para mantener la estabilidad durante la temporada polínica. Los corticosteroides inhalados y las combinaciones de estos con broncodilatadores, agonistas β de acción larga, protegen frente a las crisis asmáticas producidas por virus y pueden tener un efecto beneficioso en COVID-19.

Asimismo, los pacientes con asma más grave o rinosinusitis crónica grave con pólipos nasales deben seguir tratándose con biofármacos para evitar el agravamiento de esas enfermedades. Si es factible para el sistema sanitario, se debe continuar la inmunoterapia específica con alérgeno (AIT, por sus siglas en inglés) en curso, siempre y cuando no se haya diagnosticado una infección por CoV-SARS-2 (COVID-19). No se recomiendan nuevos tratamientos con AIT, excepto la inmunoterapia sublingual, que solo requiere administrarse con supervisión.

En caso de infección por CoV-SARS-2, los pacientes asmáticos con exacerbaciones graves causadas por virus podrían necesitar corticosteroides orales. Los AINE, cuyo uso se sugirió evitar en todos los pacientes posibles, son vitales en casos de asma sensible a AINE.

Referencias Bibliográficas:

Autor: World Allergy Organ J. 2020 May 16;100124. Tratamiento de la enfermedad respiratoria alérgica en la era de la COVID-19

COVID-19 en pacientes con enfermedades alérgicas

Conceptos básicos

No existe evidencia científica de que los pacientes alérgicos tengan mayor riesgo de contraer el COVID-19. Han de seguir los cuidados generales expresados por las autoridades sanitarias, en especial el lavado de manos, disminuir las relaciones interpersonales innecesarias, evitar el contacto con las personas que tengan síntomas de infección respiratoria (por leve que sea) y usar mascarilla si precisasen frecuentar zonas de mayor riesgo como centros sanitarios o urgencias. Recuerden además que hay un gran porcentaje de pacientes sin síntomas (especialmente niños) que pueden contagiar la enfermedad. Extremen el cuidado si tienen contacto con personas mayores o con problemas respiratorios.

Rinitis alérgica

La rinitis alérgica se caracterizada por picor nasal, congestión, goteo nasal y estornudos que pueden ir acompañadas de lagrimeo y picor ocular. Se diferenciará de la infección por COVID-19 por la presencia de picor y la ausencia de fiebre salvo en casos de sinusitis acompañante, así como por el empeoramiento en espacios abiertos cuando esta es debida a pólenes y la rápida mejora con antihistamínicos en 30-120 minutos. La presencia de síntomas tanto de COVID-19 como de rinitis alérgica puede indicar la coexistencia de ambas enfermedades

Asma alérgica

Al exponerse a una infección viral, incluyendo COVID-19, las personas asmáticas no sólo están más predispuestas a contraer la infección, sino que además la infección puede producir una reacción inflamatoria más severa que en la población general produciendo así síntomas de asma más frecuentes y severos que en otros pacientes. Dicho esto, y aún sin existir estudios con un número de pacientes suficientes como para sacar conclusiones al respecto en el momento de escribir este texto, existe un riesgo teórico de que los pacientes asmáticos presenten síntomas más graves ante la infección del COVID-19.

¿Cómo podemos reducir dicho riesgo?

La respuesta es haciendo que nuestras vías respiratorias se comporten de la manera más similar a la población general. Si a usted le han pautado corticoides inhalados tanto de forma continuada como de forma añadida al tratamiento ante una crisis asmática deberá cumplir el tratamiento de forma estricta y en las dosis pautadas durante el periodo de alto riesgo de infección por COVID-19, pudiendo volver a tomarlos de forma añadida al tratamiento ante una crisis sólo cuando dicho periodo se de por terminado.

Otras enfermedades alérgicas

No se ha producido ninguna recomendación al respecto por ninguna de las grandes sociedades de alergia, y en mi opinión dudo que se produzca. Aun sin existir evidencia en el momento actual, es posible que como todo cuadro viral sea capaz de aumentar los síntomas de urticaria en pacientes con urticaria crónica. La Academia Americana de Alergia e Inmunología Clínica específicamente recomiendael uso de la telemedicina para evitar contagios innecesarios.

Referencias Bibliográficas:

Autor: TOPDOCTORS. España. Publicado 23/03/2020. Coronavirus en pacientes alérgicos.

Indicaciones para la cirugía en la hiperplasia benigna

  1. Cuando existen síntomas moderados o severos que no responden bien al tratamiento médico, o no se toleran bien los fármacos, o producen efectos secundarios inaceptables.
  2. Cuando aparecen complicaciones: retención urinaria aguda o crónica que reaparece tras un sondaje, divertículos múltiples en la vejiga o divertículo único grande, insuficiencia renal, piedras en la vejiga, infecciones urinarias frecuentes, o episodios recurrentes de sangre en la orina (hematuria).
  3. Cuando el paciente desea un tratamiento definitivo.

Como cualquier operación, la cirugía de próstata puede generar complicaciones. La impotencia y la incontinencia son muy raras en las intervenciones para la hiperplasia benigna de próstata, al contrario que en la cirugía radical por cáncer de próstata. Sí es frecuente que se pierda la eyaculación, y eso es conveniente avisarlo antes de la intervención. Se puede tener una erección y un orgasmo normal, pero sin eyaculación. Otras posibles complicaciones como un sangrado con necesidad de transfusión o una infección urinaria pueden ocurrir ocasionalmente.

Para concluir, podemos decir que la cirugía de la hiperplasia benigna de próstata es muy resolutiva y tiene pocas complicaciones, pero hay que hacerla solo cuando toca.

Referencias Bibliográficas:

Autor: QuironSalud – https://www.quironsalud.es/blogs/es/salud-hombre/indicada-cirugia-hiperplasia-benigna-prostata/abril 2019

Tratamiento con N-Acetilcisteína en la Bronquitis

Resumen

En los pacientes con bronquitis crónica, el tratamiento por vía oral con N-acetilcisteína (NAC) reduce los síntomas y las exacerbaciones agudas, con un buen perfil de seguridad. La administración regular de dosis bajas de NAC (inferiores a 1200 mg por día) durante tres meses como mínimo parece ser un esquema terapéutico particularmente eficaz.

Introducción

La N-acetilcisteína (NAC) es un agente mucolítico que se administra por vía oral en pacientes con BC, EPOC, fibrosis pulmonar idiopática, cáncer e intoxicación por paracetamol; la NAC ejerce efectos antibacterianos; in vitro, induce la ruptura de los puentes disulfuro entre las macromoléculas. La NAC reduce la viscosidad del moco, facilitando su eliminación, y suprime la secreción excesiva de este. La NAC también tiene propiedades antioxidantes.

En un estudio controlado con placebo con pacientes con EPOC moderada a grave, el tratamiento sostenido con NAC en dosis de 600 mg dos veces por día evitó las exacerbaciones. La NAC es muy utilizada en Europa para la reducción de los síntomas y las exacerbaciones agudas de la BC. En cambio, este fármaco es poco usado en Australia y los Estados Unidos, porque se lo considera ineficaz. En una revisión sistemática previa, publicada en 2000, la administración de NAC por vía oral durante 3 a 6 meses en pacientes con BC se toleró bien y pareció reducir el riesgo de exacerbaciones agudas y los síntomas. Sin embargo, los efectos de la duración del tratamiento y de las dosis acumuladas de NAC no se investigaron. Una revisión más reciente, con la inclusión de 6 estudios clínicos, concluyó que la NAC reduce el índice de exacerbaciones en la EPOC y la BC.

El esquema ideal de tratamiento con NAC en los pacientes con BC todavía no ha sido definido y los beneficios deben ser confirmados. El objetivo del presente metanálisis fue determinar los efectos de la administración de NAC sobre el índice de exacerbaciones de la BC y los síntomas, y conocer los efectos adversos del tratamiento prolongado.

Métodos

Para el presente metanálisis se siguieron las pautas PRISMA. Los artículos, publicados hasta diciembre de 2018 se identificaron mediante búsquedas bibliográficas en PubMed, Embase y CNKI. Se incluyeron ensayos clínicos controlados y aleatorizados realizados en pacientes con BC, tratados con NAC durante 3 meses como mínimo. Se tuvieron en cuenta el año de publicación del estudio, las características del ensayo, el país, el tamaño de las muestras, la duración del tratamiento, las terapias administradas de manera concomitante, el antecedente de tabaquismo y los efectos adversos.

La calidad metodológica de los estudios se determinó con la escala de Jadad. El criterio principal de valoración fue la frecuencia de exacerbaciones agudas de la BC en los enfermos tratados con NAC, respecto de los asignados a placebo. Los resultados se expresan como riesgos relativos (RR), con intervalos de confianza del 95% (IC 95%). Los RR es estimaron con modelos de efectos fijos o aleatorios, según la heterogeneidad entre los trabajos, valorada con el estadístico I2 y la Q de Cochran. El puntaje en la escala de Jadad, la dosis de NAC y el número de pacientes se evaluaron como posibles fuentes de heterogeneidad. La significación de los valores del RR global se determinó con la prueba Z; los valores de p < 0.05 se consideraron estadísticamente significativos. Se efectuaron análisis de sensibilidad con la exclusión secuencial de cada uno de los estudios. El sesgo de publicación se determinó con gráficos en embudo y pruebas de Egger.

Resultados

El metanálisis se realizó con 11 estudios efectuados con 775 enfermos tratados con NAC y 789 controles. En 10 de los 11 trabajos, los pacientes tenían diagnóstico de BC según los criterios del Medical Research Council (MRC), es decir expectoración la mayoría de los días durante 3 meses consecutivos, como mínimo en dos o más años consecutivos. En el estudio restante se aplicaron criterios más estrictos (tos persistente con secreción de moco durante más de 3 meses por año, en 3 años consecutivos como mínimo). Entre el 66% y el 100% de los participantes eran fumadores o habían fumado. El tratamiento con NAC se prolongó durante 3 a 36 meses. En todos los estudios, la NAC se administró por vía oral, dos o tres veces por día, en dosis de 400, 600 o 1200 mg por día.

Para el análisis de las exacerbaciones agudas se consideraron los resultados de 10 estudios; se comprobó heterogeneidad importante entre las investigaciones (I2 = 67%; Q de Cochran = 27.15, p = 0.001), de modo que se aplicaron modelos de efectos aleatorios. El RR global fue de 0.81 (IC 95%: 0.69 a 0.93), con un valor de Z = 2.86 (p = 0.004). Por lo tanto, el tratamiento con NAC se asoció con reducción significativa de la frecuencia de exacerbaciones agudas de la BC.

Seis estudios informaron efectos adversos gastrointestinales, como náuseas, vómitos, dispepsia, dolor abdominal, cambios en los hábitos intestinales, estreñimiento y diarrea. Sin embargo, la incidencia de efectos adversos no fue significativamente más alta entre los enfermos tratados con NAC, respecto de los pacientes que recibieron placebo (RR: 0.86; IC 95%: 0.67 a 1.09; p = 0.22). También se refirieron dificultad para respirar, cansancio, exantemas, pirosis, mareos, urticaria, prurito, cefaleas, acúfenos y aumento de peso; estos efectos fueron, en general, de intensidad leve y autolimitados. El 6.1% de los pacientes asignados al tratamiento con NAC interrumpió el protocolo de manera prematura, no necesariamente por la aparición de efectos adversos, en comparación con 6.6% en el grupo placebo, con RR de 0.92 (IC 95%: 0.69 a 1.22) y Z = 0.59 (p = 0.56), sin diferencias significativas entre los dos grupos. No se observó heterogeneidad importante.

Cinco estudios fueron aptos para conocer los efectos del tratamiento con NAC sobre los síntomas. El 61.3% de los pacientes tratados con NAC (298 de 486) refirió mejoría sintomática, en comparación con el 34.2% de los sujetos asignados a placebo (165 de 482), con RR de 1.68 (IC 95%: 1.13 a 2.52) y Z = 2.55 (p = 0.01), lo cual indica mejoras significativas de los síntomas en los enfermos que recibieron NAC. Sin embargo, se comprobó heterogeneidad importante entre los estudios (I2 = 79%; Q de Cochran = 18.76; p < 0.001).

En los análisis por subgrupos para conocer la fuente de la heterogeneidad, el puntaje de Jadad, la dosis de NAC y el número de pacientes no explicaron la heterogeneidad. No obstante, el tratamiento con dosis bajas de NAC (< 1200 mg por día) más que la administración de dosis altas redujo significativamente la frecuencia de exacerbaciones agudas de la BC (RR: 0.81; IC 95%: 0.69 a 0.95; p = 0.01).

En los análisis de sensibilidad con la exclusión secuencial de cada trabajo se observaron los mismos resultados. Los gráficos en embudo y las pruebas de Egger no sugirieron sesgo de publicación (t = 0.09; p = 0.93).

Discusión

Las exacerbaciones agudas de la BC se asocian con morbilidad y mortalidad importantes; además, son causa de internaciones, deterioro de la función pulmonar y obstrucción crónica al flujo de aire. Los resultados de los estudios previos con NAC no fueron concluyentes, motivo por el cual se efectuó el presente metanálisis. Los hallazgos de este estudio sugieren que el tratamiento con NAC atenúa los síntomas de la BC y reduce sustancialmente el riesgo de exacerbaciones agudas, respecto de placebo. No se observaron diferencias significativas entre los grupos en la incidencia de efectos adversos gastrointestinales, ni en el número de pacientes que interrumpieron el protocolo de manera prematura por efectos adversos. Por lo tanto, la NAC debería considerarse un componente importante del abordaje terapéutico, en pacientes con BC. El tratamiento fue seguro y se toleró bien.

La BC se vincula fuertemente con el hábito de fumar y puede asociarse con anormalidades en la espirometría, sugestivas de EPOC. Diez estudios aportaron información en este sentido; la mayoría de los enfermos evaluados fumaban o habían fumado. Los broncodilatadores y los corticoides fueron los fármacos más comúnmente indicados en los pacientes con BC. Según los resultados de un estudio, no parecen existir interacciones importantes entre la NAC y los corticoides inhalatorios, en pacientes con EPOC.

Además de los efectos mucolíticos que explican los cambios en la cantidad y la calidad del moco, la NAC se asocia con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias. La molécula tiol de la droga actúa directamente como un depurador de radicales libres y es un precursor de glutatión reducido.

El número escaso de estudios analizados y la exclusión de trabajos con NAC por vía inhalatoria y de estudios con terapia durante menos de 3 meses fueron algunas de las limitaciones de la presente investigación.

Conclusión

Los resultados del presente estudio sugieren que la administración de NAC por vía oral en los pacientes con BC puede considerarse una estrategia terapéutica eficaz y segura; el esquema ideal de terapia parece consistir en la administración de menos de 1200 mg por día, durante 3 meses como mínimo. Se requieren más estudios de buen diseño metodológico para confirmar estas observaciones

Referencias Bibliográficas:

Autor: Sociedad Iberoamericana de Información Científica (SIIC), 2020